21 de octubre de 2010

9 de octubre de 2010

Nobel

Seria bonito tener un Nobel en la juguetera de la sala. Lo pondría en medio del televisor y del equipo de sonido. Quizás, se llenaría de polvo y me tocara limpiarlo con algún amito, el más blanco que tenga. Tendré que comprar el amito primero, antes de ganarme el Nobel. Quiero ganarme el Nobel y cambiarlo por un Grammy, o un Oscars. No,  mejor lo empeñare para poder comprar las tortillas de hoy. Ya me lo imagino en la juguetera, tieso como un maniquí. Sólo viéndome pasara, quizás se burlara de mi. No importa. Aunque tiene que ser diferente al de García Marques y al de Vargas Llosa. ¿Por qué a Salarrué no le dieron uno? Injusticia, se lo merecía. Pero el Nobel que yo me imagine, lo harán de arcilla y lo quemaran en el horno en el que mi tía cocina el pan. Aunque lo prefiero de mármol Sueco. Combinaría mejor con la cerámica de mi casa. Ya tengo el espacio inerte donde lo pondré, pero les cuento que no me gusta. La juguetera nunca me ha gustado. Se vería mejor en la librera de mi cuarto-estudio. Combinara bien con el repertorio de libros usados que me han regalado. Sí, allí lo pondré. Aunque tenga que deshacerme de algunos libros de historia. Pero le hará compañía a los “cuentos de barro” de Salarrué, ya no estarán solos, ni los cuentos; ni el barro.  Ya minimicé ese espacio idóneo, un bosquejo de 10 X 10 cm. Creo que cabe, tiene que caber. Ya todo está listo, ya prepare el protocolo para esa glamorosa fiesta. Ya soliloquie el discurso que voy a leer. Bueno, no lo leeré; lo gritare hasta reventarle los tímpanos a todos los que no lleguen. Sólo a los que no lleguen. Ahora, tengo que terminar una de las novelas con la que,  posiblemente me lo gane. Cien años de felicidad, o La ciudad sin los perros.

Sí, a Salarrué se lo negaron. Escriba ustéd, talvez usté se lo gana. Pero, felicidades a todos los que ya lo tienen. Y sigo pensando qué, seria bonito tener uno en la juguetera de la sala. 

4 de octubre de 2010

Venga arrímese aquí

Venga, pase adelante. No se preocupe por si mira todo blanco, debe ser el detergente que uso.

Venga, pase adelante, no tenga pena. No le ofrezco algo de tomar porque se me quebraron todas las copas. Venga, cocinare algo para los dos. Le aseguro que le gustara lo que cocine. ¿Qué pasa, mira algo?, no se preocupe, acabo de remodelar las paredes, las pinte de blanco pensando en usted. También le aseguro, que si se queda conmigo, comprare una mesita y mandare hacer una ventana en la pared que a usted le guste, también ampliare la puerta. Nos reiremos juntos en aquella esquinita. Siéntese, sé que el suelo está frío, pero es cómodo allí. Como le digo, si se queda conmigo comprare dos sillas una para usted y una para mi.

No se asuste, no me mire así, que me asusta a mí también. No la voy a regañar porque se siente ahí, mañana en la mañana, vienen a ordenarme la cama. Me pondrán una sabana mucho más blanca que esa. No se preocupe por los quiebres, mañana la plancharan también. Si se queda, también pondré cerámica en todo el cuarto, no importa que sea de arcilla, pero la pondré. Si, buscare el color de la porcelana de sus uñas. No me mire tanto la camisa, que de tanto verla se me aja y se me hace negra. ¿Le gusta el color, o le gusta que no me deja hacer fuerza?. No se asuste, no corra, soy loco pero no como. Venga, soliloquiemos juntos y me ayuda a blanquear todo mi cuarto con este detergente que compre.